Por: Ángela Margarita Suárez-Orellano
En la Biblioteca Octavio Arizmendi Posada nos gusta usar los plurales, por eso preferimos hablar de lecturas, lectores, opiniones, impresiones, versiones, voces; porque consideramos que en esa multiplicidad se encuentra la verdadera riqueza, que en aumenta en la medida en que se comparte. Es la misma razón por la que, algunas veces, escogemos un tema y lo miramos desde distintas perspectivas que permitan enriquecer nuestras concepciones sobre un determinado tema. Uno de estos fue el de las familias.
En noviembre tuvimos nuestro último cine-foro del año alrededor de la película turca Milagro en la celda 7, de Mehmet Ada Öztekin. Aunque se trata del segundo re-make de una historia originalmente producida en Corea del Sur, la versión turca presenta algunas variaciones significativas que para algunos la hacen más melodramática, aunque para un público latino en realidad la hacen mejor. Sí, hay que reconocerlo, a nosotros nos gusta llorar y reír al tiempo, y esta película lo consigue de manera magistral gracias a las interpretaciones geniales de Aras Bulut İynemli (quien representa a un hombre con una discapacidad cognitiva, padre de una niña de 6 años) y de Nisa Sofiya Aksongur, quien actúa como la niña en cuestión. En la discusión tuvimos ocasión de hablar sobre los diversos sentimientos y emociones que la historia nos había suscitado, y al final nos quedamos todos con la idea de que hay realidades más fuertes que cualquier discapacidad, como el amor filial que se tienen cualquier padre y cualquier hija.
Los últimos clubes de lectura los tuvimos en diciembre aprovechando que este año el modo remoto de todas nuestras actividades nos permitía poder realizarlas fuera de los límites del semestre académico. Así los estudiantes pudieron participar de la actividad libres del estrés de los exámenes finales. Para este mes escogimos el libro La memoria del árbol de Tina Vallés, una historia reciente que ha recibido varios premios en Europa. La novela, escrita originalmente en catalán, es una historia muy poética en la que se introducen varias metáforas con el fin de mostrar la relación que existe entre un abuelo que está perdiendo la memoria y su nieto de once años, que está empezando a hacerse cargo de su identidad. Así, estas dos vertientes argumentativas (memoria e identidad) se convirtieron en eje de nuestra discusión. ¿Sigo siendo quien soy sino recuerdo quién soy? ¿Hasta qué punto nuestras familias nos hacen ser quienes somos? ¿Qué historias guardamos y transmitimos? ¿Cuál es su valor? Una parte que valoramos mucho fue la necesidad de contar «historias de no pensar» que eleven la imaginación y nos descansen de las luchas diarias, mismas que los protagonistas de la novela se cuentan entre sí. En el club de lectura de administrativos quisimos cerrar el año leyendo un clásico navideño, así que discutimos la novela corta de Dickens, Canción de navidad. Aunque la mayoría conocía alguna de las muchas versiones cinematográficas que la historia tiene, les gustó conocer la historia original y resaltaban en ella las descripciones detallas del Londres de la plena Revolución Industrial, las críticas sociales que el autor introduce entrelíneas y las enseñanzas que, dejando a un lado lo mágico, podemos en todo caso rescatar para nuestras vidas como el aprecio por las personas que nos han dejado las huellas de su amor y su cariño o el valor de las relaciones interpersonales sobre las ganancias económicas
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