¿El fin de la biblioteca como templo del libro?
Creo que todos crecemos con conceptos diferentes sobre las bibliotecas.
En mi caso, la biblioteca del colegio era “el rincón del castigo”; nadie quería estar allí. Tal vez por eso, aún hoy, muchas personas no le dan la relevancia que realmente tiene. En algunos lugares apartados, las bibliotecas siguen siendo espacios silenciosos y olvidados. Para los financistas, se ven como un gasto más que como una inversión.
Si solo las vemos como lugares llenos de libros, cuesta creer en ellas. A eso se suma la poca promoción de lectura en los colegios y la insistencia de algunos profesores en obligar a los estudiantes a leer textos tan complejos como El Popol Vuh o el Cantar de Mio Cid.
¿Será esa una de las causas de nuestra distancia con la lectura?
Yo me enamoré de los libros después del colegio, con Verónika decide morir. Y aunque el autor despierte opiniones encontradas, ese libro me acompañó y me motivó tanto que terminé comprando ocho libros de segunda de ese autor entre la carrera séptima y el pasaje del libro, en el centro de Bogotá.
Y hoy me pregunto: ¿qué estará pasando con ese pasaje? ¿Qué harán todos esos vendedores que vivían de los libros físicos?
De templos del libro a ecosistemas de experiencias
En este mundo de digitalización, inteligencia artificial y sobreinformación, vale la pena preguntarnos:
¿debemos transformar la biblioteca para que deje de ser el templo del libro?
Trabajo hace más de ocho años en bibliotecas universitarias y en algunas universidades las bibliotecas no son epicentro, no son visitadas. Me contaron que antes, aquí en BibilioUnisabana, los estudiantes llenaban los espacios, se sentaban hasta en el piso. Pero la pandemia cambió todo. Tal vez nos acostumbramos a la virtualidad, y las visitas presenciales disminuyeron.
Sin embargo, algo que admiro profundamente de la Universidad de La Sabana es su capacidad de transformación. Como dice uno de los vicerrectores: “lo único seguro en la universidad es el cambio”.
Y aunque suene cliché, esa frase me hizo pensar que quienes se adaptan son los que logran continuar con éxito. No solo en el trabajo, sino en la vida.
Hoy veo que los estudiantes no solo vienen por los libros, sino por los espacios: por el silencio, por la vista, por el préstamo de herramientas, por el refugio, por las actividades. En ese sentido, la biblioteca se sigue reinventando, y eso me parece esperanzador.
¿Y el papel del bibliotecario?
El papel del bibliotecario también está cambiando.
Ya no basta con custodiar libros, sino con aprender a navegar la era digital. Necesitamos formarnos, explorar herramientas de inteligencia artificial, y desde la creatividad, reimaginar nuestros roles para seguir siendo puentes entre las personas y el conocimiento.
Hace poco descubrí la palabra bibliotecidad, que alude a “la cualidad esencial de ser biblioteca”. Algunos dicen que esa esencia se sostiene en el libro como ícono. Pero si las bibliotecas se llenan de pantallas y experiencias, ¿cómo sabremos que aún son bibliotecas?
¿Está muriendo el libro de papel?
Muchos artículos afirman que las bibliotecas deben transformarse en ecosistemas de experiencias para seguir vigentes.
Pero si su esencia cambia completamente, ¿seguirá siendo una biblioteca?
Temo que, en un futuro no tan lejano, el libro se convierta en una pieza de museo, un lujo más que una necesidad.
En medio de esta avalancha de IA y algoritmos que resumen, analizan y entregan todo en segundos, corremos el riesgo de perder el vínculo profundo con la lectura.
En este contexto, el papel del bibliotecario es más crucial que nunca. No basta con tener bases de datos si no sabemos usarlas, ni con tener estanterías llenas si estamos desconectados del ecosistema que nos rodea.
Las bibliotecas han sido refugio, punto de encuentro y lugar de conexión humana. Su misión no ha cambiado: conectar personas con el conocimiento.
Lo que cambia es el cómo.
Entre lo físico y lo digital
Tal vez el futuro no se trate de elegir entre lo físico o lo digital, sino de aprender a convivir.
Las bibliotecas no son fósiles arquitectónicos: son organismos vivos que respiran a través de las personas que las habitan.
Mientras los préstamos bajan, las visitas aumentan. Quizás venimos menos a leer libros, pero más a buscar silencio, compañía o inspiración.
Y en ese sentido, tal vez las bibliotecas sigan siendo un espacio de encuentro, un lugar donde aún podemos detenernos… y pensar.
Como dice la frase que enviamos desde la Biblioteca Unisabana al final de nuestra atención al usuario por WhatsApp:
📚 «La Biblioteca no es el edificio, son las personas
dentro de ella.»
Declaración de uso de inteligencia artificial
Este texto fue elaborado a partir de las reflexiones personales de la autora sobre su experiencia en el entorno bibliotecario. Se contó con el apoyo de ChatGPT (modelo GPT-5 de OpenAI) para organizar y estructurar las ideas.
Bibliografía
- García Gómez, C. (2023). Las bibliotecas ante la inteligencia artificial: retos y oportunidades. Revista Bibliotecas y Tecnologías, 12(2).
- López de Prado, J. (2022). De templos del libro a laboratorios de experiencias: la metamorfosis de las bibliotecas. Revista Española de Documentación Científica, 45(3).
- IFLA (2023). El futuro de las bibliotecas: Innovación, aprendizaje y comunidad. Disponible en: https://www.ifla.org/es
- Pérez Pulido, M. (2021). Bibliotecas híbridas y transformación digital. Anuario ThinkEPI, 15.
- Fernández-Molina, J. C. (2020). El papel del bibliotecario en la era digital. Profesional de la Información, 29(6).
- UNESCO (2022). El papel de las bibliotecas en la sociedad del conocimiento. París: UNESCO.
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