Por: Ángela Suárez y Carmen Ruiz
El club de lectura de profesores abrió este mes en que tradicionalmente se homenajea a las madres. Por eso, escogimos comentar en él Señora de rojo sobre fondo gris, del español Miguel Delibes. El escritor, que no acostumbraba a compartir su intimidad, fiel a su estilo castellano sobrio y no dado a sentimentalismos, estoico a veces, hizo con esta pequeña obra una excepción y rindió un sentido homenaje a su esposa fallecida muy joven. La historia del libro se despliega como un largo monólogo: un prestigioso pintor, sumido en una grave crisis creativa, va desgranando ante su hija mayor sus recuerdos más íntimos. Entre ellos destacan dos acontecimientos dolorosos que sucedieron al mismo tiempo: el encarcelamiento de esa hija por motivos políticos y, fundamentalmente, la enfermedad y muerte de su mujer, Ana, a los 48 años. No resulta difícil descubrir en el personaje del pintor al mismo Delibes y en esa señora de rojo, retratada al óleo sobre un fondo gris, a su esposa Ángeles de Castro. El autor la describe con pinceladas certeras y bellas de palabras en armonía: «Una mujer que con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir» (p. 13). Algunos de los presentes en el club volvimos con emoción a leer estas páginas y no dejamos de preguntarnos si nuestras parejas, familiares y amigos podrían emitir un juicio tan definitivo sobre nosotros. Aligerar a los otros la pesadumbre de vivir… ¡Qué gran objetivo de amor!
Desde hace algunos meses la Biblioteca venía trabajando con la carrera de Gastronomía y su revista estudiantil Ucansuka que este semestre trata sobre la relación entre comida y literatura. Además de un stand de libros que sacamos en el mes de marzo, nos unimos para hacer el lanzamiento de la tercera edición de la revista en nuestra velada literaria Aquí se está cocinando algo bueno. Los autores y editores leyeron fragmentos de sus textos a estudiantes de la carrera de gastronomía y a los habituales asistentes a las veladas intercambiando historias, experiencias en la cocina y ¡recetas! Discutimos sobre la profesionalidad de un gastrónomo, la identidad que aportan y guardan ciertos platos -sobre todo, si existe algo que se pueda llamar “cocina colombiana”, qué es y cómo no idealizarla-. Al cierre, los estudiantes manifestaron lo valioso que era para ellos compartir en escenarios distintos a las clases con sus profesores, por lo cual, esperamos que estos espacios de diálogo que brinda la Biblioteca sigan enriqueciéndose con la presencia de variados participantes.

Estudiantes y profesores en el lanzamiento de la 3a edición de la Revista Ucansuka en la velada literaria Aquí se está cocinando algo bueno
Para cerrar el semestre académico el club de lectura de estudiantes discutió la última novela de Alessandro D’Avenia, Lo que el infierno no es. Al proponer el libro teníamos algunas reservas ante cómo podía recibirse su contenido entre los chicos pues es un libro con un fuerte componente religioso. El narrador es Federico, un chico de 17 años que vive sumergido en el spleen de la comodidad de una vida sin grandes imprevistos. Antes de partir a un curso de inglés en Londres es interpelado por uno de sus profesores, el padre Pino Pugglisi -basado en un sacerdote de la vida real- quien le invita a echar una mano en su parroquia ubicada en Brancaccio, un barrio donde el infierno parece materializarse. La propuesta de D’Avenia retoma algunas ideas que habíamos visto ya en El arte de la fragilidad… pero las pone por obra, lo que le da un valor agregado. Una vez más, la poesía y los clásicos están presentes en toda la obra, esta vez es Petrarca quien nos guía en los caminos de los primeros amores. Pero no fue la historia de amor juvenil lo que más nos llamó la atención, sino don Pino y los personajes de Brancaccio. Viviendo en un país con una historia semejante a la siciliana: narcotráfico, violencia, mafias, capos, inversión de valores, etcétera, muchos sentíamos que este libro no hablaba de ellos, sino de nosotros. Brancaccio puede llamarse Comuna 13 en Medellín, Ciudad Bolívar en Bogotá, y de tantas formas. Y aquí también tenemos nuestros “padres Pino’s”, personas valientes que se rehúsan a que el infierno sea la regla, dispuestas a dar la vida para que otros no pierdan (o recuperen) la capacidad de soñar. Ese es el infierno del que D’Avenia habla: en el que no hay espacio ya para los deseos, en el que no hay libertad para amar, el infierno como estado, como lugar y como metáfora. ¿Y Federico? bueno, la verdad que a muchos les cayó muy mal el personaje, mientras que a otros les pareció que era su alter-ego. En lo que todos coincidimos fue en la importancia de comprometernos, en lo concreto, a cambiar el mundo, cada uno a su manera.

Descubre más desde Bibliosabana
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.