La conexión

Por María Cristina Cisneros-Llano

No tenía más de 10 años. Era una niña callada, introvertida y bastante distraída. No resaltaba entre los demás y no era su intención. Siempre tuvo dos elementos esenciales en su vida: los libros y la música. Su amor por ellos nació de forma inesperada, pero, inconscientemente, se convirtieron en su motor para seguir adelante. Sin duda, hay algo en su conexión con la lectura que, hasta el día de hoy, ha dejado una huella en ella.

Cuando iba a la biblioteca del colegio, se encontraba rodeada de un sinfín de libros para leer, pero ninguno le llamaba la atención.

Un día, de repente, mientras la profesora hablada de un tema que no le interesaba, comenzó a ojear los libros que tenía cerca. Agarró uno. Se llamaba “Todo por una amiga” de Angélica Dosseti. Miró las primeras páginas y comenzó a leer. Trataba de una chica, Emma, quien, mientras se iba de viaje, conocía a Sofía, se hicieron amigas solo para darse cuenta de que Sofía era narcotraficante.

“¡Madre mía! Tremendo susto que me pegué al leer algo así. Era demasiado joven para entender de esos temas. Eso sumado a lo que me metían en la cabeza en el colegio y a través de la televisión, no ayudaba mucho”, expresó.

Lo devolvió a su lugar y pensó que no lo volvería a ver.

Lo leyó dos veces.

Al parecer se había enganchado y cada vez que iba a la biblioteca, se sentaba a leerlo. La verdad no opinaba mucho al respecto. Solo le parecía entretenido y le ayudaba a matar el tiempo en los descansos.

“Era un poco alejada de las demás. Casi siempre estaba sola en los recreos. Así que la biblioteca se convirtió en mi refugio”

 Al terminarlo, decidió ir por más. Se sentía poderosa al leer 144 páginas. Dos veces.

“Había otro libro con la misma protagonista. Resulta que era una saga y la leí toda al revés”, rió, “Este se llamaba Un viaje inesperado. Emma se va de excursión con la escuela a Costa Rica, mientras a mí me llevaban a Ubaté. El caso es que había una leyenda que rondaba por la zona, tipo Ellos están aquí, pero lo importante era el muchacho argentino que conoció. Las traía a todas enamoradas. Era un adonis. Para la época, claro.”

Después de leer dos de los cuatro libros de la saga (porque no había más), buscó otras alternativas. Nuevamente se encontraba en la biblioteca y había una sección dedicada solo a los más pequeños. Las portadas de los libros daban un poco de miedo por sus ilustraciones. Cada personaje tenía los ojos muy grandes y eso le aterraba. Sin embargo, uno de ellos llamó su atención, “Las zapatillas rojas” de Hans Christian Andersen. Era un cuento muy corto, pero fue el primero en dejar una impresión en ella. No puede recordar mucho de la trama. Una niña que vivía con su mamá. Eran pobres y apenas tenían para vivir el día. Su madre enferma y muere, por lo que termina siendo adoptaba por una mujer vieja y adinerada. La señora le regala unas zapatillas rojas y le da todo aquello que nunca tuvo.

“Hasta ahí me acuerdo. El final es impactante y es lo que dejó más huella en mí, pero no lo retengo en mi memoria. Es raro, pero fascinante”, comenta.

Era tan corto que, al darle vuelta, tenía otro cuento.  Tenía un oso gigante y aterrador. La edición de aquel libro era maravillosa. Lo leyó varias veces y no podía dejarlo. Lo alquiló y se lo llevó a casa, solo para quedar más maravillada.

“Claro, la bibliotecaria me miraba extrañada porque era un libro infantil y yo ya tenía 9 años. Imagínate su cara cuando lo alquilé a los 17”, sonrió.

El hábito de la lectura se lo agradece a uno de sus hermanos mayores, José. Él se sentaba en el sofá a leer. Siempre que pasaba lo veía leyendo un libro diferente, incluso alguno de los suyos. Sus padres nunca adquirieron ese hábito ni sus otros dos hermanos. Solo ella y él. Poco después su sobrina le pediría libros para leer y nunca devolverlos.

De aquí en adelante, muchos libros han pasado por sus manos. Su favorito es “El psicoanalista” de John Katzenbach, su autor preferido. Lo ha leído ya 3 veces y no se cansa. Tremendo libro con tremendo contenido. Claro, ha pasado por los más cursis como “Posdata te quiero” de Cecelia Ahern hasta los clásicos como “Un Mundo Feliz” de Aldous Huxley. Cada uno tiene su estilo y cada uno la ha dejado fascinada. Otro de los que más recuerda es “Cien Años de Soledad” de Gabriel García Márquez. Lo leyó cuando estaba en séptimo grado.

“Tenía una edición exclusiva de El Tiempo que mi papá adquirió antes de que naciera. No tiene ilustraciones y la letra es pequeña, pero aun así lo leí y me enamoré. ¡Tremendo final!”, expresó.

A medida que crecía, se dio cuenta de que su estante de libros era demasiado pequeño para la cantidad de libros que estaba acumulando, y que, mientras sus amigas compraban ropa y salían, ella se encontraba en casa leyendo.

“Esto ya es típico de las fanfics de Wattpad y aun así nunca me ocurrió nada de eso. Lástima. Hubiera vendido mucho”, comentó, “Cada uno elige su forma de vivir la adolescencia, ¿no? Yo decidí vivirla con Madame Bovary (Gustave Flaubert) y su tremendo enredo con su esposo y su amante. ¡Qué drama! ¿Y sabes qué es lo peor? ¡No tenía a quién contarle!”

Llegó a la conclusión de que, además, cuando leía, su vocabulario y escritura mejoraban. ¿Cómo? La verdad nunca supo la respuesta, pero en varios concursos de ortografía en los que participaba, había palabras que solo aparecían en los libros que leía y, gracias a ello, ganó 3 veces consecutivas.

“La primera vez que gano algo y que obtengo mi primer walkman, con el que reiteré mi amor por la música”, suspira, “Pero eso es cuento para otro día”.

La mayoría de los libros que ha leído hasta ahora son recomendados del colegio y la universidad; sin embargo, hay varios que ha comprado y que, aparte de dejar a sus padres sin dinero, le han dado un escape de la realidad y la han adentrado a temas y mundos nuevos. Los que más aprecia son los escritos por Dan Brown. El autor detrás de las películas “Ángeles y Demonios”, “El Código DaVinci” e “Inferno”. Las ha repetido más de 3 veces. Apenas descubrió que eran originalmente libros, los compró y no se arrepiente en lo absoluto.

Hay tantos libros que le han ayudado en muchos ámbitos de su vida y de los que hablaría por horas. Su mayor miedo es pensar que el hábito y el amor por la lectura se pueda perder porque ella es fiel testigo de que esa conexión que ha tenido no se puede adquirir en ningún otro lado.

“Muy pocos conocen el poder que tienen los libros y su forma de abrir la mente”, expresó.

“¿Te consideras una bookworm?”, pregunté.

“¿Una bookworm?”, rió, “No. Hay tantos géneros, tanto por leer y comprender. No estoy ni en la mitad del camino”.

Cada libro que ha pasado por sus manos es el reflejo de una experiencia, de un recuerdo, de un momento que le cambió la vida y que no puede dejar ir.

“¿Qué haríamos sin los libros?”, dijo sin que le preguntase, “Probablemente seríamos seres sin alma”.

“¿Cuál es el final de la historia?”, pregunté.

Miró al cielo y sonrió.

“No sé, invéntatelo tú”.

Prendí la luz y la miré por un rato. Sin decir una palabra. Me acerqué y estiré mi mano, solo para tocar el vidrio frío de mi espejo.

 MARÍA CRISTINA CISNEROS-LLANOS Estudiante de Comunicación Social y Periodismo, y Enfermería. Practicante de comunicación en la Biblioteca Octavio Arizmendi Posada. Amante de los libros y la música. Mi meta es leer mi primer libro en chino.

Deja un comentario