Por Ángela Suárez y María José Córdoba
Ya sabíamos que teníamos que seguir confinados. Ya sabíamos que las clases empezarían remotas. Ya sabíamos que no es lo mismo. ¿Por dónde seguir? ¿Qué podía hacer la Biblioteca para sumarse a los esfuerzos de la Universidad por acompañar y cuidar a los miembros de su comunidad?
Para el segundo semestre del 2020 hemos tenido ocasión de ganar experiencia en el manejo de las herramientas audiovisuales y multimedia que se pueden incorporar a las actividades culturales de nuestra oferta; tenemos acceso a libros electrónicos contemporáneos gracias a la suscripción de la plataforma Overdrive. Pero también nos dábamos cuenta de que nuestra misión no consiste en perdernos en las novedades, sino en tener raíces fuertes y en saber volver a ellas cuando hace falta. Así, nuestra primera actividad del semestre consistió en una Velada Literaria titula Raíces de la esperanza. Leímos obras contemporáneas como La tigresa y el acróbata, y clásicas como el Canto XIII de La odisea. Y también distintos registros de voces colombianas que nos recordaron que, aunque nos rodeen muchas incertidumbres y adversidades, mientras estemos vivos, hay esperanza.
En nuestra propuesta de alternar entre cine clásico y contemporáneo para los cine-foros hemos tenido que ser más recursivos que en cualquier cosa. Ciñéndonos a una oferta no tan amplia en cuanto a películas clásicas de Netflix, la plataforma que usamos para escoger las películas durante la pandemia, por ser el servicio al que más personas tienen acceso. Así que escogimos un “clásico” no tan antiguo, pero en todo caso importante, The Truman Show. Esta película de género inclasificable cuestionó a los asistentes sobre su relación con las redes sociales y el manejo de su privacidad e intimidad. También hubo quien propuso una lectura filosófica del filme en clave del mito de la caverna de Platón. Y por supuesto una discusión en torno a la felicidad y la libertad que, como buen clásico, nunca pasa de moda.
Al club de lectura de estudiantes se conectaron pocos aunque muchos rostros nuevos. Cosa que nos alegra, pues siempre hay que estar pensando en el relevo generacional de los grupos. El libro seleccionado era bastante extenso y eso pudo desmotivar a los chicos que participan habitualmente de estas discusiones. Se trata de Un Caballero en Moscú, de Amor Towels. En nuestro compartir de ideas no hubo mucha discrepancia, sino mucha admiración – desde distintas perspectivas – por el personaje principal de la novela, el conde Aleksandr Ilich Rostov, un ingenioso aristócrata que tenía por cárcel al Hotel Metropol, y que vive su día a día como una persona ejemplar, dejando, en cada página, alguna reflexión sutil al lector. Pero no todos los personajes resultaron tan llamativos como el conde. Entre estos, “el Obispo”: un oportunista que de mesero llegó a ser director del hotel, pero que, contrario al conde, se empeñaba en hacerle la vida imposible a quienes le rodeaban. No solo era visto como una persona mezquina, sino como alguien con bajos ideales, que se conformaba con su puesto en el hotel y no buscaba vida más allá de este. Se habló también de la música, la comida, las amistades verdaderas y del papel de las ideologías comunista y capitalista en el libro (y en la historia).
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