Por: Viviana Colmenares
Película francesa basada en Séraphine Louis (1864-1942) una pintora francesa de la primera mitad del Siglo XX de estilo naíf, dirigida por el director Martin Provost. Se centra en la cotidianidad entrega de la protagonista Séraphine a sus actividades, para encontrar el momento en el que dar rienda a su talento creativo.
Es la historia de una mujer de baja condición y sin estudios, que trabaja como limpiadora de varias señoras para así poder comprar algunos elementos para realizar sus pinturas, tenía un secreto como todos los artistas el cual consistía el carácter artesanal con que fabrica sus colores porque los preparaba ella misma con sus productos naturales o algunos elementos que ella misma hurtaba y de esta manera le daba vida a sus cuadros.
Martin Provost (Director) intenta transmitir en sus imágenes la misma inocencia e intensidad conmovedora con que la pintora lo hacía en sus cuadros, por eso en algunos de las primeras puestas en escena de la película se refleja el viento, el movimiento del agua, la belleza de la fotografía en ciertos lugares, el ritmo lento de la película, lo maravilloso de sus diálogos directos y sencillos, su contacto con la naturaleza, sin duda estos son momentos exquisitos de un cine plenamente artístico es una característica de las pinturas de está artista.
Creo que antes no había visto una película que llenara tanto mi expectativa (belleza cinematográfica) con respecto al arte y a la sensibilidad como “Séraphine”, porque es una película que te absorbe mientras la estás viendo y cuando finaliza te deja un poco pensativo.
La película no deja de ser interesante en ningún momento por otro lado, cuando se termina toda la historia, uno no puede dejar de preguntarse que llevaría a una persona como Séraphine a pintar. ¿Cuáles serían sus motivaciones reales? ¿Por qué no vivió de su arte? Y al final por qué todos esos conocimientos se apagaron.
Sin duda es una película que será del agrado de los amantes del cine artístico y del drama espiritual y silencioso, esos espectadores que aprecian los diálogos e imágenes que hacen transmitir la sensibilidad y despertar la inquietud artística.
Investigando un poco sobre esta artista y el tema del arte, resalto una frase que me gusto mucho “Para Séraphine el arte fue como una revelación. Para ella la pintura –igual que para Van Gogh- era un acto afectivo. Era como si se redimiera mediante el acto de la creación. Con los ojos inmensamente abiertos caminaba a ciegas por la uniforme monotonía de su insignificante vida.»
Y así, de esta manera me despido, no sin antes agradecer por sus comentarios y buenas críticas de mis artículos publicados en este año y cierro finalizo con este artículo, además aprovecho para invitarlos a ver esta película que se encuentra en la Sala de Recursos Especiales con la asignatura 791.43651 S481 y así poder contemplar un buen cine francés.
¡Espero la disfruten!
