Por: Andrés Niño Bautista y Diego Stiven Gómez Camacho
«Dado que vivimos en una época de innovación, una educación práctica debe preparar al hombre para trabajos que todavía no existen y no pueden ser claramente definidos.»
Peter F. Drucker
Los nacidos entre los 80´s y principios de los 90´s, nos educamos con libros físicos y enciclopedia Encarta. La tecnología en nuestra infancia era tan antigua[SM1] , que escasamente los equipos de cómputo a los que algunos pudimos acceder en la primaria eran usados para jugar Snake, Buscaminas, Solitario y Pinball, entre otros. Ni pensar en los smartphones, tablets o portátiles; era algo tan lejano a nuestra conciencia, que cualquier tarea, consulta y manera de estudiar, se limitaba a la información disponible en bibliotecas o libros que nuestros padres nos compraban para leer y consultar, durante todo el año escolar.
Fuimos los abanderados de la última generación que se graduó del bachillerato con las herramientas básicas de toda la vida, conservado las arraigadas costumbres educativas y pedagógicas de siempre. La forma de estudiar por aquel entonces nos[SM2] obligaba a leer y consultar en los libros, revistas y cartillas de la época, por ende, si debíamos construir un párrafo para un trabajo, debíamos esforzarnos mucho más mentalmente porque solo era nuestro cuaderno de apuntes, lápiz e insumo bibliográfico físico, para crear nuestro contenido, ya sea para una tarea, exposición, evaluación o similar.
A partir del año 2000 en adelante, los computadores ya se podían conectar a Internet, pero por aquel tiempo, la navegación por el ciberespacio era más que todo por ocio, para jugar en línea, usar el Messenger para hablar con nuestros amigos o familiares y/o entretenerse con páginas cuyo contenido era farandulero, artístico, musical o cineasta. Mucha cultura pop de hecho, cantantes de moda o blogs y chats, era lo que podíamos encontrar.

Más adelante, el llamado “Internet de las Cosas”, comenzó a evolucionar a pasos agigantados, permitiendo acceder a mucha más información. El 15 de enero de 2001 se crea la reconocida web Wikipedia, y se estima que hoy en día, cuenta con 114.862.005 usuarios registrados. Para nadie es un secreto que dicha plataforma ayudó a realizar muchas tareas y trabajos de investigación, y hoy en día lo sigue haciendo, puesto que día a día se actualiza con información de los mismos cibernautas.

A través de este blog, quisimos hacer un viaje al pasado para recordar, con nostalgia y gratitud, los métodos que usábamos para aprender y acceder al conocimiento. Aunque aquellos tiempos evocan recuerdos entrañables, el presente y el futuro educativo nos han impulsado hacia nuevas formas de enseñanza y aprendizaje. Estas transformaciones han contribuido a la preparación de profesionales más competentes, rompiendo barreras y superando paradigmas que antes parecían inalcanzables.
La evolución tecnológica en la educación ha avanzado enormemente. Hemos pasado de los pizarrones de tiza y borrador a tableros digitales, plataformas de aprendizaje en línea y herramientas de inteligencia artificial (IA). Estas innovaciones no solo han facilitado el acceso a la información, sino que también han abierto un abanico de posibilidades para el quehacer académico.
Entre las herramientas más destacadas se encuentran ChatGPT, Copilot, Gemini y Claude, que se adaptan a nuestras necesidades y ofrecen soluciones prácticas. Utilizar estas herramientas como apoyo académico puede ser una estrategia eficaz si se hace con criterio. Por ejemplo, puedes pedirles ideas, consejos o información general y, a partir de ello, construir tus propios textos, reescribir conceptos o parafrasear lo que te ofrecen, adaptándolo a tus propias palabras. Usarlas de esta manera fomenta la creatividad y el aprendizaje, en contraste con el simple copiar y pegar, que no aporta al desarrollo personal ni académico.

Este cambio nos conecta con el hilo conductor del blog: antes dependíamos exclusivamente de libros físicos; ahora contamos con herramientas digitales que lo facilitan todo. Sin embargo, la clave radica en el uso responsable. Si las empleamos como apoyo, contribuimos a la integridad académica y al crecimiento del conocimiento. Por el contrario, un uso superficial o deshonesto solo nos engaña a nosotros mismos.
La revolución digital no solo representa un reto para los estudiantes, sino también para los docentes, quienes han tenido que superar brechas digitales y adaptarse a las nuevas tecnologías. Este proceso les permite mantenerse a la vanguardia de los avances educativos y continuar siendo guías efectivos en un entorno en constante transformación.
En este contexto, la Dirección de Tecnología de la Universidad de La Sabana juega un papel fundamental. Esta dirección no solo lidera la transformación digital en el campus, sino que también diseña y ejecuta estrategias que integran tecnología avanzada en la educación. A través de un trabajo constante y colaborativo, ha logrado dotar a la universidad de infraestructura y herramientas digitales de primer nivel, garantizando que estudiantes y profesores tengan acceso a los recursos necesarios para su formación.
Un aliado esencial de esta dirección es el Centro de Tecnologías para la Academia (CTA), una unidad que fortalece y transforma las competencias digitales de los estudiantes mediante mediaciones tecnológicas. Gracias al trabajo conjunto del CTA y la Dirección de Tecnología, se promueven experiencias de aprendizaje que conectan la teoría con contextos reales, preparando a los estudiantes para enfrentar los retos del mundo digital.
El impacto de estas iniciativas va más allá del aula. La Dirección de Tecnología no solo ofrece formación y apoyo técnico, sino que transforma todo el ecosistema educativo, implementando soluciones innovadoras que mejoran la calidad de la educación y posicionan a la Universidad como líder en la revolución digital. Esta visión compartida con el CTA asegura que la comunidad académica cuente con las herramientas necesarias para afrontar los desafíos de la era tecnológica.
Desde nuestra profesión como bibliotecólogos, tenemos la responsabilidad de apoyar y adaptarnos a esta evolución digital. Nuestra misión incluye enseñar a estudiantes y profesores a usar herramientas de IA de manera correcta, eficiente y ética. Aunque la tecnología avanza rápidamente, lo que nos distingue de las máquinas es nuestra capacidad de razonar, empatizar y sentir, cualidades que las máquinas nunca podrán replicar completamente. Por eso, siempre estaremos un paso adelante.
En la Biblioteca, hemos creado la «Zona IA», un espacio que refleja nuestro compromiso estratégico de abrazar la tecnología. Este lugar, alineado con las iniciativas de la Dirección de Tecnología, promueve el uso adecuado de herramientas digitales y refuerza la esencia del factor humano en el aprendizaje.
En conclusión, debemos caminar junto a la revolución digital, no en su contra. Aunque la tecnología nos facilite el acceso al conocimiento, el factor humano seguirá siendo crucial en cualquier organización. Estar preparados y comprometidos con esta transformación es el verdadero desafío del futuro.
BIBLIOGRAFÍA
Agogs. (n.d.). El impacto de la tecnología en la educación. (https://agogs.sk/es/el-impacto-de-la-tecnologia-en-la-educacion/)
Universidad de La Sabana. (n.d.). Centro de Tecnologías para la Academia. (https://www.unisabana.edu.co)
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